Habilidades elevado a la N
Las reglas eran claras: los cinco empezamos de cero, con iguales capacidades, pero el que lograba matar a otro jugador recibía como premio en cada ocasión la duplicación de su fuerza. El desafío transcurría en una enorme casa de la cual no se podía salir. Todos con vidas infinitas, al morir aparecías en otro lugar de la vivienda.
Arranqué confiado, pero antes de poder encontrar una víctima, alguien murió, y alguien dobló sus capacidades. No pasaron cinco segundos que el mismo participante elevó al cubo su potencia. Ni lo vi venir, pero con una piña en la cabeza y la fuerza de un gorila me liquidó al instante. Al parecer ya había matado a todos. Comprobé su fuerza al verme descubierto e intentar esconderme tras una puerta que voló en mil pedazos de una patada. Ya tenía mucha velocidad y fuerza como para enfrentarlo: me partió en dos de un rodillazo. Apenas aparecía yo en la casa, el jugador me descubría y reventaba. Se volvió invencible.
El sueño terminó, porque el mismo jugador iba a ser ganador por la eternidad. Así suelen terminar los sueños.